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martes, 7 de abril de 2020

Sonia y el oráculo del bosque, parte II

Sonia dudó. Mantuvo la mirada al ráculo en silencio, pensando qué debía decir. Se dio cuenta de que las tres cabezas del gato oráculo la miraban de arriba abajo, sentían todos los aromas que traía consigo y estaban pendientes del más mínimo de sus movimientos. Al fin, recordando que ocultar la verdad era inútil, habló con voz temblorosa.

- Me envía el Hado - dijo Sonia - me hizo entrar al bosque y me prometió que abriría la tranquera para poder volver a mi casa si prestaba servicio al oráculo, que debía encontrarlo en un templo y seguir sus indicaciones.

Sonia se dio cuenta de que nada de esto tenía sentido. Recordó unas palabras de su hermana: "tú no tienes sentido, la casa no tiene sentido, la gente que está allí dentro con la que no se puede hablar tampoco tiene sentido... ¡Nada tiene sentido!".

- Ah, sí, el Hado - dijo la cabeza izquierda del oráculo - luego de todos estos años ha conseguido una oportunidad.

- Pero... - comenzó Sonia, dudando - ustedes ya deberían haberlo sabido, ¿Verdad?
- ¡Por supuesto que ya lo sabía! - vociferó furiosamente la cabeza central del oráculo - Pero, ¿Por qué eso te excusaría de manifestar tus objetivo? ¿Buscas acaso evitar la responsabilidad?

Sonia negó en silencio, algo asustada por la voz raída de la cabeza central. Se movió un poco en su lugar mientras aguardaba a que el oráculo dijera algo más. Finalmente, la cabeza derecha tomó la palabra.

- Lo que debes hacer es ayudarme a estar completo de nuevo. Dos de mis cinco piezas se encuentran lejos de mí, en un sitio oculto, del otro lado del bosque. El Guardia, un sirviente dle Rey del bosque, custodia en jaulas de cristal las partes que me fueron arrancadas.
- Pero, ¿Qué sucedió? - preguntó Sonia, confundida.
- Hace tanto tiempo de esto que ya ni siquiera importa cuanto ha pasado - dijo la cabeza de la izquierda - El Rey del bosque se convirtió en Rey al sacarme dos de las cinco partes que me constituyen y reducirme a este estado. Luego de eso, emitió le decreto de la Verdad y es por eso que toda verdad en este bosque se vuelve evidente, más tarde o más temprano
- ¿Y por qué no me dí cuenta de todo esto por mí misma?
- Porque el Rey excluyó dle decreto las verdades acerca de su persona - dijo la cabeza de la derecha - por lo que las verdades acerca del Rey se mantienen secretas.
- Lo que deberás hacer - dijo la cabeza central - es ir hacia donde se encuentra el Guardia y recuperar lo que me fue robado. No conozco qué forma tomaron las piezas robadas, pues nunca las he visto, pero sé que están guardadas en cajas de cristal. Cuando me traigas lo que el Rey me robó, el Hado lo sabrá y abrirá la tranquera.
- Pero, ¿Por qué me envió el Hado a hacer esto? - preguntó Sonia, algo confundida.
- El Hado tiene sus propias razones para actuar contra el Rey - dijo la cabeza de la derecha - Es peligroso que viajes de noche, asique dormirás aquí. Pero antes...

Un leve chirrido de puerta hizo voltear a Sonia. Un pequeño armario, casi escondido entre los muebles desperdigados por la sala, se había abierto solo. Una gruesa cadena colgaba de su interior.

- El Rey se niega a reconocer cualquier signo de su propia imperfección - dijo la cabeza central del oráculo - y ese pensiente contiene un fragmento que se quebró de sus astas el día en que luchamos y me quitó el poder sobre este bosque. Mientras lleves puesto ese pendiente, el Rey se rehusará a admitir tu existencia y estarás fuera de su vista y su oído. A tí te corresponderá encontrar el modo de engañar al Guardia y recuperar lo que es mío.

Sonia asintió y fue hacia el mueble que se había abierto. Tomó la cadena entre sus manos y vio que era de bronce, de gruesos eslabones, y de ella colgaba lo que parecía un trozo puntiagudo de madera petrificada, sujeto a la cadena por unos filamentos de oro. Obedeciendo las órdenes del oráculo, Sonia se puso la cadena al cuello.

- Duerme en el piso de arriba - dijo la cabeza de la izquierda - Si duermes aquí, nuestra presencia te traerá malos sueños.

Sin atreverse a decir más, Sonia asintió y se dirigió escaleras arriba. La fresca oscuridad del cuerto le dio la bienvenida. Tanteando con los pies, Sonia encontró un amplio sillón donde recostarse. Acomodándose lo mejor que pudo en el polvoso sofá, cerró los ojos, un cansancio repentino la invadión, y se quedó completamente dormida en medio del silencio absoluto y la impenetrable oscuridad.