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viernes, 5 de junio de 2020

Dados, tercera parte


 Nuevamente propongo un juego de dados inventado por mí. Esta vez, se trata de un juego de casino en el cual el croupier es un participante activo que representa los intereses de la casa.

Barras
“Barras” es un juego de casino en el que cada jugador utiliza un par de dados d10, uno marcado con decenas y otro con unidades. Los jugadores lanzan sus dados al mismo tiempo esperando obtener el resultado más alto combinando las decenas y unidades obtenidas. Por ejemplo, obtener un 80 y un 6 se lee como 86. Las caras que muestran los números 00 y 0 siempre se leen como cero con la excepción de un triple cero (00+0), el cual se interpreta como 0 cuando sale como barras y como 100 al sacarlo un jugador, el mejor resultado posible.


La característica principal de este juego de casino es que la casa participa como un jugador activo de un modo especial: al inicio de una ronda, el croupier encargado tira un par de dados que representan la jugada del establecimiento. El resultado obtenido debe ser superado por los jugadores que decidan participar de la ronda o de lo contrario perderán automáticamente. Las apuestas se realizan justo después de observada la cantidad a superar (la “barra”) impuesta por el casino, momento también en que un jugador puede decidir no participar. En caso de que solo quede un jugador dispuesto a tirar sus dados, este compite directamente contra la casa, intentando superar su puntuación.


Ejemplo de una ronda: el croupier lanza los dados y obtiene un 72. Los jugadores A y B deciden participar y hacen sus apuestas. A obtiene un 34 y B saca 95, por lo que el dinero apostado por A va a parar a las arcas de B.
 

Otro ejemplo: el croupier lanza y obtiene un 81. Ay B se atreven a jugar, pero A saca un 53 mientras que B obtiene un 28. Ambos jugadores pierden, la casa gana y se queda con la suma apostada.


De este modo, “Barras” es un juego en el que todos los jugadores pueden perder. Un juego completo generalmente termina cuando solo queda un jugador con fichas que apostar (lo cual no significa que haya ganado dinero) o cuando los jugadores acuerdan darle fin. En el caso de que la casa imponga una barra muy alta y ningún jugador apueste, todos deben pagar a la casa una suma previamente acordada. Si solamente un jugador se enfrenta  a la casa y gana, el vencedor cobra de la casa una cantidad definida por la mesa, o el casino, o el evento particular.


martes, 7 de abril de 2020

Sonia y el oráculo del bosque, parte II

Sonia dudó. Mantuvo la mirada al ráculo en silencio, pensando qué debía decir. Se dio cuenta de que las tres cabezas del gato oráculo la miraban de arriba abajo, sentían todos los aromas que traía consigo y estaban pendientes del más mínimo de sus movimientos. Al fin, recordando que ocultar la verdad era inútil, habló con voz temblorosa.

- Me envía el Hado - dijo Sonia - me hizo entrar al bosque y me prometió que abriría la tranquera para poder volver a mi casa si prestaba servicio al oráculo, que debía encontrarlo en un templo y seguir sus indicaciones.

Sonia se dio cuenta de que nada de esto tenía sentido. Recordó unas palabras de su hermana: "tú no tienes sentido, la casa no tiene sentido, la gente que está allí dentro con la que no se puede hablar tampoco tiene sentido... ¡Nada tiene sentido!".

- Ah, sí, el Hado - dijo la cabeza izquierda del oráculo - luego de todos estos años ha conseguido una oportunidad.

- Pero... - comenzó Sonia, dudando - ustedes ya deberían haberlo sabido, ¿Verdad?
- ¡Por supuesto que ya lo sabía! - vociferó furiosamente la cabeza central del oráculo - Pero, ¿Por qué eso te excusaría de manifestar tus objetivo? ¿Buscas acaso evitar la responsabilidad?

Sonia negó en silencio, algo asustada por la voz raída de la cabeza central. Se movió un poco en su lugar mientras aguardaba a que el oráculo dijera algo más. Finalmente, la cabeza derecha tomó la palabra.

- Lo que debes hacer es ayudarme a estar completo de nuevo. Dos de mis cinco piezas se encuentran lejos de mí, en un sitio oculto, del otro lado del bosque. El Guardia, un sirviente dle Rey del bosque, custodia en jaulas de cristal las partes que me fueron arrancadas.
- Pero, ¿Qué sucedió? - preguntó Sonia, confundida.
- Hace tanto tiempo de esto que ya ni siquiera importa cuanto ha pasado - dijo la cabeza de la izquierda - El Rey del bosque se convirtió en Rey al sacarme dos de las cinco partes que me constituyen y reducirme a este estado. Luego de eso, emitió le decreto de la Verdad y es por eso que toda verdad en este bosque se vuelve evidente, más tarde o más temprano
- ¿Y por qué no me dí cuenta de todo esto por mí misma?
- Porque el Rey excluyó dle decreto las verdades acerca de su persona - dijo la cabeza de la derecha - por lo que las verdades acerca del Rey se mantienen secretas.
- Lo que deberás hacer - dijo la cabeza central - es ir hacia donde se encuentra el Guardia y recuperar lo que me fue robado. No conozco qué forma tomaron las piezas robadas, pues nunca las he visto, pero sé que están guardadas en cajas de cristal. Cuando me traigas lo que el Rey me robó, el Hado lo sabrá y abrirá la tranquera.
- Pero, ¿Por qué me envió el Hado a hacer esto? - preguntó Sonia, algo confundida.
- El Hado tiene sus propias razones para actuar contra el Rey - dijo la cabeza de la derecha - Es peligroso que viajes de noche, asique dormirás aquí. Pero antes...

Un leve chirrido de puerta hizo voltear a Sonia. Un pequeño armario, casi escondido entre los muebles desperdigados por la sala, se había abierto solo. Una gruesa cadena colgaba de su interior.

- El Rey se niega a reconocer cualquier signo de su propia imperfección - dijo la cabeza central del oráculo - y ese pensiente contiene un fragmento que se quebró de sus astas el día en que luchamos y me quitó el poder sobre este bosque. Mientras lleves puesto ese pendiente, el Rey se rehusará a admitir tu existencia y estarás fuera de su vista y su oído. A tí te corresponderá encontrar el modo de engañar al Guardia y recuperar lo que es mío.

Sonia asintió y fue hacia el mueble que se había abierto. Tomó la cadena entre sus manos y vio que era de bronce, de gruesos eslabones, y de ella colgaba lo que parecía un trozo puntiagudo de madera petrificada, sujeto a la cadena por unos filamentos de oro. Obedeciendo las órdenes del oráculo, Sonia se puso la cadena al cuello.

- Duerme en el piso de arriba - dijo la cabeza de la izquierda - Si duermes aquí, nuestra presencia te traerá malos sueños.

Sin atreverse a decir más, Sonia asintió y se dirigió escaleras arriba. La fresca oscuridad del cuerto le dio la bienvenida. Tanteando con los pies, Sonia encontró un amplio sillón donde recostarse. Acomodándose lo mejor que pudo en el polvoso sofá, cerró los ojos, un cansancio repentino la invadión, y se quedó completamente dormida en medio del silencio absoluto y la impenetrable oscuridad.